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¿Cómo podrá un ave sacar de un pozo a un elefante?

elefante
 
Había intentado todo con tal de sacar a su amigo, le había hablado, gritado, había ingenuamente intentado empujarlo, jalarlo, pero todo había sido en vano, no había podido mover ni una sola de sus gigantescas patas (solo la trompa y la cola se le movían), ya casi en su desesperación por liberarlo, se le ocurrió una locura, se puso delante de sus ojos, y empezó a volar enfrente de él, y los ojos se le empezaron a mover, después voló más fuerte, y rápido regresaba. Veía que su amigo, se entusiasmaba y se esforzaba férreamente por escapar. Después de todo el día de ayudarlo, soportando el peso del sol y el calor, extenuado y casi por caer la noche, el ave emprendió una vez más el vuelo, el último, tan alto y tan rápido como pudo, hasta hacerse un punto, y luego desaparecer, al regresar y buscar a su amigo, el elefante se había ido ¡Había logrado escapar! Y ahora corría muy fuerte, y saltaba como intentando volar, inspirado enormemente por el vuelo libre, generoso y alto de su amigo.

Al final, éste lo alcanzó y todavía, juntos y muy contentos, se pusieron a jugar.

¿Cómo podrá un ave sacar de un pozo a un elefante? ¿Empujándolo? ¿Jalándolo? Jamás. Sólo podrá moverlo y sacarlo, ¡inspirándolo con su vuelo!

(Dedico este cuento a todos los laicos fieles de la Iglesia católica).

+Alfonso G. Miranda Guardiola

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