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Historias

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El más bello tributo que una mujer ha hecho a un hombre. María Magdalena en el sepulcro Jn 20, 1-18.

Posted by on Jul 22, 2017 in HISTORIAS, POEMAS, REFLEXIONES | 0 comments

Esa mañana de domingo se había levantado muy temprano, casi no había podido dormir, se la había pasado pensando toda la noche, en lo que, apenas hacía un par de días, había ocurrido. Sin pensarlo dos veces, y todavía de noche, se dirigió al lugar donde lo habían dejado, con la esperanza de… simplemente llegar. Corrió y corrió, como si una ansia loca la empujara, como si una voz misteriosa la llamara, como si su intuición se lo gritara, como si su corazón se lo ordenara irrefrenablemente, y … muy pronto, al llegar, se dio cuenta que la piedra que le habían puesto a la tumba, ya no estaba, la habían movido. Inmediatamente vuelve a correr a buscar a Pedro, lo encuentra y le dice: se han llevado a mi Señor, y no sabemos donde lo han puesto. Los otros discípulos van y comprueban lo que María Magdalena había dicho, y regresaron a sus casas, meditando y reflexionando. María había querido quedarse ahí, afuera del sepulcro, un momento, un tiempo, una eternidad. Sí, lloraba, pero eso no le impidió acercarse nuevamente al sepulcro, y ver salir destellos de luz, y de en medio de ellos, ver salir a un hombre, que le provocó inquietud y perplejidad. Ella no lo reconoce, pero él sí, y le dice dulcemente, María, y en ese instante, como un torrente que baja impetuosamente de la montaña para vertirse en el río, ella corre, como nunca lo había hecho jamás, y lo abraza profundamente. Y siente en su corazón, un sentimiento tan bello, poderoso y sublime, como nunca antes lo había sentido. Después de un instante, él le dice: suéltame, que todavía no he ido al Padre, y en ese momento, contrario a lo que su corazón le estaba pidiendo, e incluso contra su propia voluntad, lenta y dolorosamente, suelta a su Amado, y lo deja poco a poco alejarse, convirtiéndose en el testimonio más grande de amor que una mujer ha podido hacerle a un hombre.   +Alfonso Miranda G. ...

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Esa Noche no habría Navidad…

Posted by on Dic 24, 2016 in HISTORIAS | 0 comments

  En diciembre del 2016, la verdad es que no iba a haber Navidad en Monteverde, porque llegaron noticias a María y a José, de que había muchísima violencia e inseguridad en aquella ciudad, por lo que no convenía ir a dar a luz, ahí a su hijo. José luego luego se preocupó, ya le habían hablado de gente cruel y despiadada, y de un tal Herodes, que además era un tirano, por lo que no le extrañó la noticia, hombres malos debe haber en todo el mundo, pensó el santo varón. Pero de cualquier forma había que tomar precauciones, y pensar en otro sitio para que naciera el niño. Estaba pensando en irse a una ciudad lejana, tal vez otro país, cuando en eso María lo detiene y le pregunta – ¿qué estás pensando José? ¿Qué quieres hacer? – le preguntó, – ¿Qué nos vayamos a otra parte?  – ¿Qué quieres mujer?, no puedo exponerte a ti y al niño, tengo que protegerlos. – Si José, pero mira, tu y yo somos pobres, ¿Qué nos puede pasar? ¿Que no estamos en las manos del Señor? Además, no debemos dejarnos acobardar por los que amenazan o quieren sembrar el mal, debemos ser valientes, y poner toda la confianza en Dios, además el niño les traerá amor, paz y esperanza, que tanto necesitan, y no podemos privarlos de ello. José mientras caminaba y pensaba, y finalmente dijo: – Tienes razón María, no debemos permitir que el mal triunfe. El valor y el amor vencerán. Vamos a Monteverde, ahí nacerá nuestro hijo Jesús. Así fue como, gracias a la valentía de María y José, el niño Dios nació ese año, en medio de la violencia, trayéndonos la paz y la esperanza a nuestros corazones.   +Alfonso Miranda ...

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¿Qué acaso se puede amar de otra manera?

Posted by on Dic 31, 2015 in HISTORIAS | 0 comments

Para esta fiesta de la Sagrada Familia, recojo una frase de una homilía del Papa Benedicto XVI del año 2009, en la que decía: “San José nos enseña a amar al otro, sin poseerlo.” Y yo me pregunto, ¿es que existe alguna otra forma de amar? Es cierto, tanto San José, como la Santísima Virgen María fueron llamados por Dios a darse mutuamente un amor especial, no menos grande y no menos hermoso, que todo amor que existe entre un hombre y una mujer. Pero aprendieron a dárselo sin poseerse el uno al otro. ¿Es esto posible? Ambos, aprendieron a amarse con el corazón, con la cálida y dulce mirada, con las sonrisas y los gestos del alma, con sus mil y un detalles compartidos, con sus alegrías, y dificultades, con la caridad y la gentileza, con sus mutuos servicios, con el estar siempre juntos y disponibles al plan de Dios, con las atenciones de María, esposa y madre, con la protección de José, esposo y padre responsable, acompañando al divino niño Jesús. ¿Cómo no podrá ser éste un modelo de amor entre esposos? Llamados a acariciarse especialmente con la cortesía de sus palabras, tan llenas de sutilezas y bondades, respetando y admirando al ser amado, con sus limitaciones y diferencias, pero dejándolo ser y crecer, sin imposiciones, y mucho menos posesiones. Acostumbrados como estamos, tantas veces al control y al dominio, a la sujeción y a la imposición, que ahogamos a los demás, no sabemos amar sin poseer, y queremos manejarlos como si fueran cosas y pertenencias nuestras. Hay que aprender a amar a la manera de estos amados y santos esposos, José y María, quienes aprendieron a amarse con ese gran respeto que es el sello del amor auténtico. ¿Acaso puede existir un amor más puro y más bello, que amar sin dominaciones ni posesiones, ¿es que se puede amar de otra manera?   +Alfonso G. Miranda Guardiola...

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Los asesinos no sabían, el milagro que acontecería…

Posted by on May 25, 2015 in HISTORIAS | 1 comment

Cómo es que ese 24 de marzo de 1980, un hombre que había hablado en defensa de los más pobres, que había dicho a las militares, y a todos los que peleaban por las calles: les ruego, les pido, les ordeno en nombre de Dios, que no asesinen a sus hermanos.  Ese día era asesinado, Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, en plena Eucaristía. Pero en ese momento pasó algo increíble. Los asesinos no sabían, que en ese preciso instante, la sangre de Cristo, ya consagrada sobre el altar, se mezclaba literalmente, con la sangre de este obispo, derramada al pie del mismo altar. Uniéndose perfectamente al sacrificio cruento del Señor, llenando un solo cáliz, del que se vertía la sangre para la salvación de todos. Los asesinos, han quedado ocultos por las tinieblas y el olvido, pero el actuar heroico de este obispo bienaventurado, ha quedado grabado en los corazones de los salvadoreños, a tal punto, que hoy es reconocido como el guía espiritual de esta nación salvadoreña. Honra y virtud para toda América, fruto excelso de la Iglesia católica para el mundo entero. ¡Viva Monseñor Romero! +Alfonso G. Miranda Guardiola   ...

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