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¿Entonces, – me dijo, – se vale escoger sacerdote y parroquia?

 

¿Cómo le hacemos – preguntó una joven, – con nuestros amigos y amigas, que por tanto tiempo habían estado lejos de la Iglesia, criticándola, en desacuerdo con ella, pero que ahora, con la frescura del Papa Francisco, con su mensaje de amor y de ternura, de misericordia, compasión y consuelo, se sienten atraídos por él?

¿Cómo evitar que se desilusionen si los llevamos a una parroquia, y el sacerdote de ahí, no es gentil, no es misericordioso, no es abierto, no acoge a las personas y sigue cerrado sin querer salir? Ellos van a decir, no es cierto lo que el Papa está diciendo, la Iglesia no cambia sigue igual, no nos entienden, siguen rechazando, no son gentiles, ni acogedores, ni misericordiosos y no son abiertos.

– Tu, joven, – le dije – no solo eres una feligrés, también eres un pastor. Y debes conducir a estos amigos tuyos a los lugares dentro de la Iglesia que tú ya conoces, que no son pocos, donde hay pastos verdes, manantiales con agua fresca, donde hay sacerdotes ya envueltos por la fragancia del Papa, y son amables, gentiles, bondadosos, compasivos y misericordiosos, y llevarlos ahí, a esas parroquias.

El mensaje contagiante del Papa es como una presa llena, cuyas compuertas se empiezan a abrir, y poco a poco va permeando toda la Iglesia. Es el agua que corre despacio y va llegando de pueblo en pueblo, y va llenando todo, pero aún hay diques que no permiten circular el agua nueva, y que no se abren del todo, que no dejan pasar el agua, pero ya hay muchos otros, los más, que van llenándose y empapándose con estas maravillosas palabras de bondad, de apertura, de ternura y misericordia, y las van compartiendo, comunicando y llevando por todas partes.

– ¿Entonces, – me dijo, – se vale escoger sacerdote y parroquia?

– Prefiero que busques dentro, y no fuera de la Iglesia. Anda y ve por ellos…

 

+Alfonso G. Miranda Guardiola.

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